El 2 de junio del 2023, será una fecha que nadie olvidará en Guacamayas. Ese día el pueblo entero se volcó al pueblo para darle la despedida a los tres estudiantes de la Institución Educativa San Diego de Alcalá, que fallecieron en un accidente de tránsito.
Los cientos de asistentes les contarán a sus familiares y amigos que, en aquella oportunidad, exactamente el miércoles 31 de mayo a las 6:30 de la mañana, el bus que en ese entonces se mandaba a recoger a los estudiantes de la vereda Chiveche se salió de la vía y rodó a un abismo de más de 100 metros, dejando muertos a tres de los estudiantes y a otros tres al igual que al conductor y un adulto mayor que viajaba en el viejo bus, gravemente heridos.
Recordarán sus nombres y edades: Daniel Santiago Montañez Ortegate, de 12 años; Lisseth Johana Lizarazo Bustacara, de 15 años y Angie Mayerly González Wilches, de 14 años, quienes fueron despedidos por sus familiares, amigos y comunidad en general no solo de este municipio, sino del vecindario y de diferentes partes del departamento en una misa que comenzó a las 2:00 de la tarde y se extendió hasta cerca de las 4:00 esta localidad ubicada a un poco más de cinco horas de la capital del departamento.
Contarán además, que el velorio de los tres jóvenes se tuvo que hacer en el aula múltiple del colegio, no solo porque era el sitio en el que a diario recibían clases, sino porque en este pueblo del norte de Boyacá, famoso por sus coloridas artesanías en rollo de fique, no había otro lugar en el que se pudieran acomodar los tres féretros para el sepelio colectivo.
Y que adicionalmente la misa fue concelebrada por dos sacerdotes y presidida por el obispo de la Diócesis de Málaga – Soatá, Félix Ramírez Barajas, que llegaron como 10 alcaldes de Boyacá, que asistieron varios funcionarios del Gobierno departamental encabezados por la entonces secretaria, Ofelia Niño Paipa y que hasta mandaron a una delegada del Ministerio de Educación.
Entre otros detalles, finalmente los asistentes recordarán a sus familiares y amigos que la procesión para llevar los féretros hasta el cementerio fue tan concurrida, que llenó la calle principal formando una especie de río humano, sobre el que flotaban los tres ataúdes dos de color café y uno anaranjado, cubiertos cada uno con la bandera del colegio.
